Haití y su atroz redentor Georg Wilhelm Friedrich Hegel - EL BLOG D´ FELIX FOTO

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sábado, 9 de enero de 2016

Haití y su atroz redentor Georg Wilhelm Friedrich Hegel

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HAITI: Para la pensadora, aquí es evidente “un elemento de racismo implícito en el marxismo oficial”: a pesar de que los revolucionarios haitianos personificaron mejor que nadie en el siglo XVIII y XIX los ideales de libertad de la Ilustración, no era aceptable que unos negros africanos, antiguos esclavos, simbolizasen tan sublimes ideales. Esto no debe sorprender pues hasta el propio Hegel no solo se mantiene silente sobre Haití sino que llega a considerar a África fuera de la “historia universal”.
 Es esto lo que explica que, como bien afirma el antropólogo haitiano Michel-Rolph Trouillot, en su obra “Silenciando el Pasado”, la Revolución haitiana sea un “no-evento”, un evento inaceptable por inconcebible cuando ocurrió e imposible de historiar por el silencio que le siguió.
Ahora que, el pasado 1 de enero, Haití ha conmemorado un aniversario más de su independencia, es bueno recordar todo esto y reivindicar la “idea de 1804” (Nick Nesbitt) como concreción de la “idea de 1789” (Peter Haberle). Y es que la rebelión de los esclavos de Saint Domingue, la abolición de la esclavitud por los revolucionarios haitianos y la independencia de Haití constituyeron una prueba de fuego para Occidente y los valores de libertad e igualdad que proclamaban sus políticos y pensadores. 
Occidente no pasó la prueba y consideró una afrenta la Revolución haitiana. 
Por eso, como bien demuestra Silvio Torres-Saillant, las potencias occidentales, beneficiarias por siglos de la esclavitud y “comprometidas con un credo racial negro-fóbico”, como condición para el reconocimiento de la República Dominicana por la comunidad internacional y su inserción en el orden mundial, fomentaron en las elites dominicanas su anti-haitianismo, una ideología de un Occidente que siempre vio a la República Dominicana como el país que evitaría, en palabras del senador estadounidense John C. Calhoun, defensor de la esclavitud, “un mayor crecimiento de la influencia negra en el Caribe”, a pesar de que Dominicana todavía hoy es “una sociedad con un largo historial de criollización que resta vigencia a la construcción de la identidad social a partir de parámetros estrictamente raciales”. 
Paradójicamente el discurso nacionalista anti-haitiano de las elites dominicanas y el racismo que lo funda, es importación de Occidente e imposición imperial, para lo cual –eso si- ya estaban preparados nuestros intelectuales, gracias al arielismo, que enseñó a ver en el indio, el negro y el mestizo una amenaza a la América hispana y un obstáculo para la cultura.